Proyectos en acción para la empresa y el tercer sector

viernes, 26 de marzo de 2010

Comunicación: ¿Construcción o resultado?

Una de las reflexiones que más he escuchado, tanto en mi devenir laboral como en ámbitos vinculados a la vida social, e incluso afectiva, es que una determinada situación o estado de cosas surgía de “un problema de comunicación”. Y la reacción más frecuente ante este plateo es, en general, una actitud de afirmación y pleno acuerdo de aquellos que lo escuchan. Evidentemente, tanto en el trabajo, en la calle, en los negocios, en la pareja, en la relación con los hijos, la comunicación aparece como el “gran problema” a solucionar.

Tal vez esta creencia generalizada tenga gran parte de certidumbre, pero personal y profesionalmente, creo válido primero trabajar un poco el concepto de comunicación.

¿Qué entendemos cuando decimos “comunicación”? El asunto es complejo, y viene ocupando a teóricos y especialistas desde hace muchas décadas, pero a los fines prácticos, esta pregunta brinda la oportunidad de abrir un primer camino jugando con ella misma: ¿La comunicación se trata de entender?. Veamos:

Alguien puede estar hablando de comunicación cuando se refiere a cosas realmente diversas: la acción de los medios de prensa; la publicidad, la telefonía, Internet, correos electrónicos, chats y blogs, las rutas y medios de transporte (que en una época se llamaba “medios de comunicación”); las reuniones familiares y los memos o documentos laborales…. Y con esto no se agota la lista.

¿Cómo podemos, entonces, “entender” un concepto que dispara y a la vez aglutina cuestiones tan heterogéneas? Creo que tal vez la respuesta comienza a vislumbrarse si empezamos a pensar a la comunicación como un proceso de construcción colectiva y social, y no como un efecto homogéneo que surge como el resultado de la voluntad de un emisor.

Un gran teórico brasileño de la educación, Paulo Freire, escribía en 1981: “Solo se comunica lo inteligible en la medida en que es comunicable. No es posible la comprensión del significado a que un sujeto llegó, si, al expresarlo, su significación no es comprensible para el otro sujeto”[1] . Esta definición implica algo muy importante: cualquier información, dato o enseñanza que queramos transmitir debe pensarse en función de quien va a recibirla, con lo cual, ese “receptor”, al ser tenido en cuenta y al ser escuchado antes de que se transmita el mensaje, deja de ser receptor para transformarse en parte de la emisión y parte del mensaje. O sea, en parte misma de la comunicación. Dicho en otras palabras, y con perdón de Freire, no siempre estamos comunicando algo cuando creemos que lo hacemos: comunicar tiene más que ver con escuchar, con procesar, con construir conjuntamente con quien queremos que nos escuche un contenido, que con decir, emitir o informar.

El tema, por supuesto, no se agota en estas humildes líneas. Es más, ni siquiera está enunciado. Pero tal vez podamos comenzar a pensar que, efectivamente, la comunicación se trata de “entender”, pero este “entender”, con todas sus implicancias, es un paso previo absolutamente necesario que nos corresponde a quienes deseamos construir un mensaje.




[1] P Freire - La concientización en el medio rural. México, DF: Siglo, 1981

jueves, 28 de enero de 2010

Mapeo social: una herramienta para estrategias sólidas

Con el crecimiento de la adopción de prácticas de Responsabilidad Social Empresaria por parte del sector privado, además de la demanda siempre presente de políticas de intervención social y/o comunitaria del sector público y del protagonismo del tercer sector, las estrategias de intervención en el ámbito social-comunitario necesitan tener como base un conocimiento de su contexto de desarrollo preciso y dinámico. Esta necesidad se visualiza en dos cuestiones fundamentales: la generación de programas exitosos y la posibilidad de medir fehacientemente sus resultados.

El desconocimiento de las diferentes realidades sociales que conviven en nuestro país incide en la creciente demanda de sectores postergados. Son innumerables las experiencias que, desde el ámbito público o desde el privado, fracasan o toman rumbos inesperados por falta de datos precisos, desconocimiento de prácticas culturales o enfoques sesgados.

Una herramienta útil para trazar una estrategia sólida es el mapeo social que permite focalizar un área donde mediante un relevamiento social, económico y cultural a cargo de especialistas, ofrece un diagnóstico con alternativas de acción comunitaria. Mediante la aplicación de ésta técnica, que incluye una capacitación permanente a referentes naturales de cada comunidad, se pueden aplicar programas o proyectos que posibiliten trabajar los naturales cambios de contexto, generando relaciones que permiten que esos programas y proyectos perduren en el tiempo y rindan mejores frutos.

Nuestra consultora pone al servicio de sus clientes su experiencia y su plantel profesional para la puesta en práctica de esta herramienta, indispensable para lograr una estrategia con resultados positivos y mensurables.